Recientemente, en plena crisis, comentaba con un conocido mio empresario, cómo le iban las cosas y sorprendentemente me dijo que “Genial, mejor que nunca, he conseguido diversificar mi producto, ya no dependo del calzado, ni de la construcción, dependo de multitud de segmentos y ya no vivo con el miedo de que mi mejor cliente cierre, porque yo cerraría con él, ahora eso no me pasará”.
Se trata de una empresa familiar, pero perfectamente estructurada, donde todo el mundo tiene muy claro a qué se dedica y donde sobre todo, cuidan el I+D+I, siempre están innovado en sus productos con el fin de conseguir la excelencia. Además, no entra en disputas de precios, siempre me dice, “yo tengo el mejor producto del mercado y no compito en precio, compito en calidad y cada vez me compran más”.
Esto es un claro ejemplo de que para que una empresa funcione, no solo tiene que ser barato el producto que comercialice, si no que puede ser caro, pero único y eso lo hace imprescindible para los clientes que buscan lo mismo que tu, la diferenciación de sus productos respecto al de los de la competencia.
Pero en esta historia, hay sombras también, y he aquí el porqué del título de este artículo. Este conocido, quiere ampliar sus instalaciones, quiere crecer, generar riqueza, crear empleo, pagar impuestos, pero no le dejan. Lleva luchando 3 años contra la administración para que le deje ampliar las instalaciones que tiene. Lo tiene todo, el proyecto, el terreno, el espacio suficiente y sabe que al final le darán los permisos para llevar a cabo su cometido y uno de los motivos por los que sigue es porque es su empresa, su ciudad y tiene cerca a su familia, en gran parte, lucha por motivos emocionales.

Entonces, ¿qué creéis que ocurriría si este señor en vez de ser de aquí, fuera de un lugar lejano, que está fuera de casa y que le da igual esta tierra? Pues que haría más de 3 años que se habría ido a otro país donde le pongan las cosas mucho más fáciles. Las empresas no se quedan en los lugares por el sol que haga, pongámoselo fácil a los emprendedores, sean de aquí o de allá, hagamos que los que están y les va bien, sigan aquí y hagamos que los que no están, vengan.
Creo que lo más rentable de que una empresa se instale en el polígono de su ciudad, no es “la pasta” que vas a ganar con los terrenos, si no, el empleo que va a generar y el dinero que esos empleados van a gastar en tu ciudad. Por no hablar de los impuestos que pagará esa empresa, ¿qué genera más riqueza ,un polígono industrial donde el metro cuadrado cuesta 5.000 € y no hay ni una empresa o un polígono industrial donde el terreno cuesta 0 €, pero está “a tope” de empresas y “a tope” de empleados trabajando y generando dinero? Para mí la respuesta está clara, supongo que para los que mandan también…
Y digo yo, menos burocracia, necesitamos más facilidades y preocupación por los emprendedores y empresarios, que incluso en esta época, luchan por crecer y crear empleo.
imagen: Toni Blay

Héctor es consultor de aplicaciones, proporciona soporte a los clientes de la Unidad de Negocio Industria, realiza análisis de necesidades y lleva a cabo actuaciones en nuestros clientes, buscando siempre la mejora continua de éstos y aportándoles valor añadido. Además participa en el desarrollo de proyectos de BI con QlikView.
La filosofía de trabajo de Hector está alineada con la de Clavei, “No somos simplemente vuestro informático, somos vuestro socio tecnológico”.

Su lema, “Nunca pidas la última, siempre la penúltima”.

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